Uno de los grandes placeres de la vida sin dudas es dormir. No hay nada mejor que dormir desparramado por la cama, después de un largo día, dormir la siesta, o dormir escuchando un poco de música de fondo. Pero ese divino placer sólo dura, lamentablemente, hasta que tienes un hijo.
Antes de ser padres, nos vendieron el cuentito de que los niños recién nacidos sólo comen y duermen. Pero a las pocas horas de nacer tu hijo te das cuenta que las cosas cambian notablemente: Las ganas de dormir de la criatura son inversamente proporcionales a las nuestras.
Por eso mismo si no quieres resignar más horas de tu valioso descanso tendrás que hacer que tu pequeño adquiera un adecuado hábito de sueño, el cual deberá ser similar al tuyo.
¿Y cómo se adquiere tal hábito? A continuación te daremos algunos consejos:
- Hacer que tu hijo utilice la cama sólo para dormir, no dejemos que juegue o vea la tele en ella.
- Levantarle todos los días a la misma hora, no importa cuánto haya dormido por la noche. Así conseguiremos que se habitúe a una pauta de sueño, y que el mismo sea más regenerador.
- La habitación en la que vaya a dormir debe estar lo más alejada posible de los ruidos, aunque te parezca que no le afecten.
- Procura que no se vaya a la cama con el estómago vacío o lleno, porque su sueño podría alterarse.
- Evita que tome bebidas que contengan cafeína en horas próximas a las que se vaya a dormir.
- Procurar que haga ejercicio de forma regular ya que le ayudará a conciliar y mantener mejor el sueño.
- No insista en que se duerma si él no tiene realmente sueño. Lo mejor, en estos casos, es que se levante y que haga una actividad monótona hasta que la somnolencia le venza (no debemos obligarle a dormir porque puede producirle angustia, podría llegar a asociarla con el momento de irse a dormir, con lo cual más que solucionar el problema lo estaríamos empeorando).
Sobre el autor:
Damián Pérez